Los enfrentamientos entre estos dos cabezas pensantes del movimiento obrero del siglo XIX fueron feroces y constantes. Eran dos temperamentos opuestos en todo: aventurero contra académico; revolucionario de barricada contra científico de biblioteca; carisma contra constancia; improvisación individual contra disciplina de clase.
En sus cartas a Kugelmann, Marx se despacha a gusto contra Bakunin, al que llama intrigante, y el más ignorante de los hombres en el campo de la teoría social. Por su parte, en una carta a Rubicone Nabruzzi de 1872, citada en multitud de ocasiones por lo que tiene de contrapunto entre los dos líderes, el ruso escribe:
“Marx es un comunista autoritario y centralista. Quiere lo que nosotros queremos: el triunfo de la igualdad económica y social, pero en el Estado y por la fuerza del Estado; por la dictadura de un gobierno provisional, poderoso y, por decirlo así, despótico; esto es, por la negación de la libertad. Su ideal económico es el Estado convertido en el único propietario de la tierra y de todos los capitales (...) Nosotros queremos ese mismo triunfo de la igualdad económica y social por la abolición del Estado y de todo cuanto se llame derecho jurídico, que, según nosotros, es la negación permanente del derecho humano. Queremos la reconstrucción de la sociedad y la constitución de la unidad humana, no de arriba abajo por la vía de cualquier autoridad, sino de abajo arriba por la libre federación de las asociaciones obreras de todas las clases emancipadas del yugo del Estado.”
En sus cartas a Kugelmann, Marx se despacha a gusto contra Bakunin, al que llama intrigante, y el más ignorante de los hombres en el campo de la teoría social. Por su parte, en una carta a Rubicone Nabruzzi de 1872, citada en multitud de ocasiones por lo que tiene de contrapunto entre los dos líderes, el ruso escribe:
“Marx es un comunista autoritario y centralista. Quiere lo que nosotros queremos: el triunfo de la igualdad económica y social, pero en el Estado y por la fuerza del Estado; por la dictadura de un gobierno provisional, poderoso y, por decirlo así, despótico; esto es, por la negación de la libertad. Su ideal económico es el Estado convertido en el único propietario de la tierra y de todos los capitales (...) Nosotros queremos ese mismo triunfo de la igualdad económica y social por la abolición del Estado y de todo cuanto se llame derecho jurídico, que, según nosotros, es la negación permanente del derecho humano. Queremos la reconstrucción de la sociedad y la constitución de la unidad humana, no de arriba abajo por la vía de cualquier autoridad, sino de abajo arriba por la libre federación de las asociaciones obreras de todas las clases emancipadas del yugo del Estado.”